Hoy Noticias, Santiago, RD
La mañana de este sábado se apagó la vida de Héctor José Rizek Llabaly, pero no su legado. A los 95 años, el empresario deja una huella profunda en el desarrollo del cacao dominicano y en las comunidades que impactó durante más de medio siglo de trabajo.
Nacido el 3 de marzo de 1931 en San Francisco de Macorís, Rizek Llabaly creció en el seno de una familia de inmigrantes palestinos que apostaron por el país como su hogar. Desde allí comenzó una historia que lo convertiría, con el tiempo, en una figura clave del sector agroexportador y en un referente internacional, ganándose el apodo de “señor del cacao”.
Aunque se formó como abogado en la Universidad Autónoma de Santo Domingo y ejerció durante algunos años, su destino cambió en 1961, en un momento crucial para el país tras la caída del régimen de Rafael Leónidas Trujillo. Fue entonces cuando decidió incursionar en el mundo empresarial, apostando por el cacao como motor de desarrollo.
Al asumir el liderazgo de la empresa familiar en la década de 1970, impulsó una visión de crecimiento basada en la inversión, la expansión de tierras cultivables y la apertura hacia mercados internacionales. Bajo su dirección, la compañía se consolidó como una de las principales exportadoras del país, llevando el cacao dominicano a distintas partes del mundo.
Pero su historia no se limita a los negocios. Quienes lo conocieron destacan su compromiso con la gente. Rizek Llabaly fue un impulsor de iniciativas educativas y sociales: participó en la fundación de la Universidad Católica Nordestana, promovió proyectos comunitarios y apoyó desde la construcción de escuelas hasta programas de reforestación y acceso a agua potable.
También fue un firme creyente en la formación de las nuevas generaciones. Apostó por capacitar a trabajadores del sector agrícola, convencido de que el desarrollo debía ser sostenible y compartido.
A lo largo de su vida recibió múltiples reconocimientos, pero más allá de los premios, su mayor logro fue posicionar el cacao dominicano —especialmente el fino y de aroma— como un producto de calidad en el mercado internacional.
Padre de cuatro hijos, esposo y líder comunitario, su legado trasciende cifras y exportaciones: vive en cada productor, en cada comunidad fortalecida y en cada grano de cacao que hoy lleva el sello dominicano al mundo.
Las honras fúnebres se realizarán este domingo a partir de las 9:00 de la mañana en la funeraria Blandino de la avenida Abraham Lincoln, mientras que el sepelio está previsto para el lunes a las 9:00 de la mañana en el cementerio Puerta del Cielo.