La frase durante el juicio quedó marcada como una de las más impactantes del proceso: “No supe decir que no”.
Onelio Domínguez
Santiago, R.D.
La reciente desvinculación del caso de la familia de diplomáticos vuelve a colocar bajo la lupa uno de los expedientes más estremecedores de la historia dominicana. Se trata de Luis Palmas de la Calzada, esposo de la entonces embajadora de Argentina, Teresa Meccía de Palmas, a quien Mario José Redondo Llenas llegó a señalar como una figura conceptual dentro del crimen, versión que nunca fue sustentada durante el juicio por las autoridades, así lo afirmó el exfiscal para ese entonces, Francisco Domínguez Brito.A este elemento se suma otro episodio inquietante revelado años después: el hallazgo de una cruz dibujada en una hoja del expediente durante su proceso de digitalización, un hecho que, según el exfiscal, nunca pudo ser explicado técnicamente y que alimentó el misterio en torno al caso.
En medio de estas revelaciones, también resurge el testimonio de Juan Manuel Moliné Rodríguez, condenado junto a Redondo, cuya frase durante el juicio quedó marcada como una de las más impactantes del proceso: “No supe decir que no”.
Tres décadas después de uno de los hechos más desgarradores de la historia reciente, el caso vuelve al centro del debate público, marcado por las reflexiones del exfiscal Francisco Domínguez Brito, quien con apenas 32 años formó parte del equipo que llevó el proceso.
A tres décadas del asesinato del niño José Rafael Llenas Aybar, la inminente libertad de Mario José Redondo Llenas reabre heridas y revive lecciones aún pendientes en la sociedad dominicana.
En ese contexto, el exprocurador recordó los momentos más intensos del juicio, que no solo impactaron su carrera como funcionario, sino también su vida personal.
“Fue un caso con un componente humano devastador. Había dolor en ambas familias, pero sobre todo una enseñanza que no puede quedar en el olvido”, afirma.
El proceso judicial, que también condenó a Moliné Rodríguez a 20 años de prisión, estremeció al país no solo por la brutalidad del hecho, sino por el vínculo entre víctima y victimarios, así como por los factores sociales que rodearon el crimen.
Para Domínguez Brito, el caso trasciende el ámbito judicial y se convierte en un reflejo de la sociedad.
Asimismo, señala factores como la vanidad, el consumismo y la búsqueda de dinero fácil como detonantes, al advertir que muchas veces se educa en la apariencia y el tener, lo que puede conducir a decisiones atroces.
¿Falló el sistema?
A 30 años del hecho, el debate sobre la actuación de la justicia vuelve a surgir. Domínguez Brito considera que, en términos generales, el sistema respondió conforme a la ley vigente en ese momento.
“El sistema funcionó. No devolvió la vida del niño, pero actuó dentro del marco legal”, explica.
No obstante, reconoce debilidades importantes, especialmente en el manejo de evidencias, al referirse a pruebas que nunca aparecieron, como la vestimenta del menor.
También descarta teorías que circularon en su momento sobre supuestos vínculos externos o prácticas esotéricas, insistiendo en que se trató de un crimen cometido por dos jóvenes que tomaron una decisión terrible.
Impacto emocional
Más allá de lo jurídico, el impacto emocional del caso fue profundo incluso para quienes lo procesaron.
Relata que el juicio se extendió por semanas y dejó secuelas físicas y psicológicas en varios de los involucrados, incluyendo fiscales y jueces, describiéndolo como una experiencia única en su carrera.
Libertad, justicia y memoria
Para el exprocurador, el caso no debe limitarse a señalar culpables individuales, sino provocar una reflexión colectiva sobre los valores sociales.
Con la salida de prisión de Mario José Redondo, se abre una nueva etapa cargada de tensiones: el debate entre el cumplimiento de la pena, el perdón y la memoria.
Mientras tanto, el país vuelve la mirada a un caso que, lejos de cerrarse, sigue planteando preguntas sobre la justicia, la educación y los valores sociales.