La historia de un hola

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Altagracia Kubinyi, periodista y activista social

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Altagracia Kubinyi

Hoy Noticias/New York-Salí a conocer un poco las calles de New York. De repente, al llegar al parque-uno de muchos que hay por la zona- saludé a un señor de 6.2 pies de estatura, 56 años de edad y con más de dos décadas viviendo en Estados Unidos.

El hola fue la excusa perfecta para nutrirme de esas vivencias que nos ponen a pensar. Allí, entre la cancha de fútbol y la zona de esparcimiento y descanso, recibí mensajes de valentía y de coraje.

El caballero es de nacionalidad mexicana. Sus años y canas delatan la triste realidad de estar sin boleto de regreso  en un lugar que no es tu patria.

Cuenta el hombre que muchos parientes de él y su esposa han muerto y que desafortunadamente las fotografías han sido la presencia más cercana que han tenido  para llorar sus pérdidas.

Por el tono de su quebrantada voz pude notar los tragos amargos que le dio su juventud. También percibí que disfrutó en algunos momentos, aunque estos fueron muy pocos. Avanzada la conversación, sentí que el hombre de piel clara estaba arrepentido de haber dejado su tierra, sabiendo que lo hacía sin la llave de volver.

En un par de minutos me contó su travesía y odisea para venir la primera y única vez, hace 26 años. Sé que por la edad muchos detalles se le fueron de sus recuerdos, pero lo que escuché me bastó para seguir confirmando que es necesario que cada persona que decida emprender una nueva vida fuera de su patria lo haga por el libro del deber y de la legalidad.

Cuantos vuelos y documentos hubiera querido tener en ese instante cuando el caballero me contaba su historia, cuando me mostraba sus piernas inhabilitada para trabajar. Al final estaba recibiendo los resultados de una decisión obligada , en parte, por el nublado panorama de su país.

De esto, quiero que reflexionemos la importancia de tener un país justo cada día, en el que reinen las oportunidades y la equidad. Una sociedad donde la juventud quiera prepararse y ser mejor.

Un lugar en el que la gente no quiera irse. Un rincón en el que los ciudadanos y ciudadanas (de cualquier nación) sepan que en su terruño de tierra hay patria, bandera, libertad y ciudadanía.

Es nuestro deber seguir adelante y hacer bandera. Exigir una sociedad digna para los que están, por los que se fueron y por los que vienen.

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